Adiós Pañal. De la teoría a la práctica


El pasado sábado fue el día elegido para decir “Adiós pañal”. Estuvimos toda la semana hablando del tema y “LittleM” estaba muy emocionado. El fin de semana iba a ser tranquilo. Nos quedaríamos en casa para facilitarle el proceso. Pero sin darme cuenta, el sábado pasó a ser un día de celebración… empiezo a contaros desde el principio 🙂

Como ya os conté en el post “Dejar el pañal. Proceso y acompañamiento” que el pañal no se quita, se deja. Pero una cosa es como deberían ser las cosas y otras como son. Lo ideal hubiera sido que sin ser yo la que le “invitara” a dejar el pañal, él me hubiera dicho “mami, no quiero pañal”. Desgraciadamente no he podido esperar a escuchar esas palabras.

Si el pañal se deja y no se quita ¿por qué no he esperado? Pues bien, septiembre está a la vuelta de la esquina y aunque se que en su cole nuevo le van a acompañar de mil amores con este tema, creo que para que la adaptación del cole de #LittleM sea lo más fluida posible, lo mejor es que sólo haya un cambio grande al mismo tiempo. Empezar a ir a un lugar que no conoces, con una seño que sólo has visto un ratito en una reunión y estar rodeado de un montón de caras extrañas teniendo tan sólo tres primaveras es ya demasiado. No quería añadir un cambio más a la lista y menos de semejante magnitud.
Pensé que lo mejor sería probar en esta época y ver que pasaba. Si no podía ser volveríamos al pañal y listo. Además #LittleM parecía estar preparado para dar el paso. Mostraba las señales necesarias para darlo, tanto las físicas como cognitivas, incluso las de comportamiento. Lo único que no cumplía es que aparentemente, a él no parecía que el pañal le molestara.

Como os decía al comienzo del post, #LittleM se mostraba emocionado cuando hablábamos de dar el paso. Los días previos hablamos con él del tema tanto en casa cómo en la guarde. Sin embargo, cuando llegó el momento, se cerró en banda. No quería quitarse el pañal. El viernes se acostó feliz hablando de lo que iba a pasar al día siguiente. Pero llegado el momento de la verdad, cuando tras despertarse tocó cambio de pañal… “No quiero, no quiero” repetía entre gimoteos. Le había acercado los calzoncillos que tanto le gustan, los que había elegido él mismo la noche anterior para ponérselos por la mañana. Sin pronunciar casi palabra, tal como os decís, empezó a negarse. Parecía que me lo decía incluso con miedo. Eso no me lo esperaba. Por su trayectoria no pensaba que pudiera reaccionar así y no estaba preparada. Estuvimos hablando mucho rato. Por lo que me explicó, llegué a la siguiente conclusión. En la guarde debe haber muchos niños que están pasando por este cambio ahora mismo. Supongo que habrá algún peque que le esté costando un poco o simplemente viera algo esa semana que le chocara. El calzoncillo probablemente funcionó como un detonador y le hizo pensar ~si me quitan el pañal yo también me voy a hacer pipi-caca encima~ Ainsh, pobres peques.

No sabía que hacer. ¿Debería aplazar el tema? ¿Dejarlo estar? Creí que esto no era conveniente. Si tenía miedo tenía que mostrarle que no pasaba nada, no debía dejar que creciera “la bola”. ¿Cómo convencerle? ¿Qué podía hacer para que él tomase la decisión sin obligarlo? Estaba hecha un lío. Quizás no era el momento de mi niño. Antes de olvidarme del tema decidí hablar una vez más con él. Le conté lo que tenía pensado hacer ese día. Le dije que por la tarde íbamos a soplar una vela para despedirnos del pañal. Esto le hizo muchísima ilusión. Dijo ¡Sí, tarta! Estaba emocionadísimo. Sin darme cuenta me había metido en camisa de once varas. Le expliqué que si decíamos con una fiesta”Adiós Pañal” había que empezar a utilizar los calzoncillos. Qué cuando tuviera ganas de hacer pipí o caca tendría que ir al váter etc Le pareció todo bien. Se había olvidado de lo que le estaba frenando. Así que, de esa forma comenzamos. Un sábado a las doce de la mañana improvisando una fiesta de “Adiós Pañal”. Después de la emoción mostrada no podía quedarse la cosa en la muffin que tenía pensada. Llamé a unos amigos, los invité a merendar con sus peques y nada, a preparar esa improvisada fiesta.

A pesar de los nervios que hice por la mañana para hacer todas las cosas que quería hacer antes de recibir a los invitados, lo pasamos muy bien. Los peques disfrutaron mucho y la fiesta le sirvió a #LittleM para olvidarse de sus miedos. Le contó a cada uno de los invitados que suponía dejar el pañal. Tengo que decir que tengo unos amigos geniales, acudieron sin pensarlo a mi llamada e incluso le trajeron un regalito a mi pequeño.

El domingo transcurrió de forma extraña. #LittleM se despertó muy tarde y se echó una siesta tremenda, por lo que el tiempo sin pañal fue bastante reducido. Pensé que lo mejor sería que el lunes se quedara conmigo para ver como evolucionaba. El balance al final del día fue positivo así que probaríamos al día siguiente en la guarde. Y en la guarde esta yendo genial. No ha tenido ni un escape. Sin embargo en casa no nos va tan bien. Si me despisto y pasa mucho tiempo sin acompañarlo al baño corremos el riesgo de que el accidente esté asegurado ¿Esto significa que realmente no está preparado? No lo sé, puede ser.
Voy a darle un poco más de tiempo, sobre todo viendo que él está feliz con el cambio. Veo que está bien, no llora si se produce un escape etc. Creo que los calzoncillos de aprendizaje están siendo fundamentales para que esto sea así. Vamos a esperar para ver simplemente si es cuestión de acostumbrarse. Tener que dejar algo cuando estás concentrado o te lo estás pasando bien para hacer pipí o caca es complicado, sobre todo cuando nunca has tenido que hacerlo. Dejar el pañal no es sólo cuestión de maduración de esfínteres.

A muchas personas seguro que le choca o no le parece bien que organizara la fiesta pero lo dicho, la teoría nada tiene que ver con la práctica. Creo que no hay una única forma de hacer las cosas y a veces, por mucho que te prepares y quieras hacer las cosas de cierta forma, se presentan cómo se presentan. Lo único que podemos hacer, desde mi punto de vista, es, como siempre, tratar al niño con respeto y no tener miedo a recular si hace falta. Estoy segura que para cada niño el proceso es completamente diferente y puede ser igualmente válido.

Foto de portada: Gaelle Marcel

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